Los fundamentos del estudio

¿Cómo diseñar un estudio fotográfico? ¿Cuáles son los accesorios imprescindibles? Tanto si se dispone de un espacio amplio como de una superficie reducida, estos son los elementos imprescindibles para acondicionar tu estudio fotográfico.

Cuando las condiciones de iluminación y el entorno exterior no son los adecuados, los fotógrafos recurren a espacios interiores. El estudio recrea las condiciones del exterior o se libera de ellas. Es el lugar emblemático del retrato, la naturaleza muerta, la moda o el desnudo. De un estudio a otro, en función de los métodos de trabajo de los fotógrafos, el equipamiento puede ser mínimo o abundante. Repasemos lo esencial.

Luz natural

La luz es el elemento fundamental. El estudio del fotógrafo es una versión moderna de los talleres de los pintores del siglo XIX. Los primeros estudios fotográficos trabajaban con luz natural. Bajo esta iluminación, surgieron retratos y bodegones extraordinarios con medios sencillos: un fondo, reflectores, un taburete para el modelo y un trípode para la cámara.

Este entorno clásico satisfacía a fotógrafos como Irving Penn, para quien «la luz que entra en un estudio desde el cielo del norte tiene una suavidad y una constancia que la sitúan por encima de cualquier otra iluminación. Las luces eléctricas son una comodidad, pero se utilizan, creo, en detrimento de esa sencilla claridad tridimensional».

La luz continua

La electricidad ha hecho posible la iluminación artificial, primero con luz continua a principios del siglo XX y, posteriormente, con luz de flash a partir de la década de 1950. La luz artificial resulta muy práctica para liberarnos de los caprichos del tiempo o para crear efectos de iluminación teatrales. En lo que respecta a la luz continua, los LED llevan una década revolucionando la iluminación artificial.

Ya sea en paneles o en focos, ofrecen una calidad de luz excelente, con una temperatura de color a menudo variable, entre la luz diurna (5500 K) y la de las bombillas de tungsteno (3200 K). De este modo, resulta más fácil optar por un tono cálido o frío para las tomas en color. Generan mucho menos calor que las bombillas o los tubos de tungsteno utilizados durante más de un siglo.

El flash

El flash tiene una ventaja fundamental: congelar los movimientos gracias a destellos muy breves, que se pueden sincronizar con velocidades de obturación muy cortas. Su temperatura de color simula la luz del día (5500 K).
Las principales marcas de flashes de estudio (Elinchrom, Hensel, Godox, Profoto, Westcott, etc.) ofrecen modelos de entre 200 y 500 Ws que se adaptan a las situaciones más habituales: retratos de una o dos personas, bodegones, etc.

La sensibilidad de las cámaras digitales recientes permite subir fácilmente entre 400 y 800 ISO con un ruido muy controlado. Con flashes de potencia media, se puede mantener así una apertura del diafragma de los objetivos entre f/5,6 y f/8. En un estudio grande, son preferibles los modelos de entre 1000 y 2000 Ws.

Flash compacto y disparador a distancia
Los flashes compactos resultan muy prácticos tanto en el estudio como fuera de él, gracias a su reducido tamaño y a su peso razonable. Su potencia puede alcanzar los 1000 Ws, lo que permite hacer frente a la mayoría de las situaciones de disparo en las que son fundamentales las velocidades de sincronización elevadas.
Tradicionalmente, los flashes de estudio se disparan mediante un cable de sincronización que los conecta a la cámara. Con el riesgo de tropezarse con dicho cable. Un disparador a distancia, que utiliza ondas de radio, facilita el movimiento del fotógrafo por el estudio.

¿Cuántas fuentes de luz?

No hace falta multiplicar las fuentes de luz para conseguir una iluminación digna de un profesional. Muchos de ellos se conforman con una gran caja de luz y unos reflectores para sus retratos. Al fin y al cabo, solo hay un sol cuyos rayos a veces se difuminan entre las nubes y otras se reflejan en todo tipo de superficies.

Es bastante sensato inspirarse en ello, tanto por razones estéticas como por el bolsillo.
En cambio, para conseguir efectos teatrales, son necesarias varias fuentes de luz.

El fondo

En el siglo XIX, los fondos pintados eran el accesorio emblemático de los primeros estudios fotográficos.
Desde entonces, los rollos de papel de color liso los han sustituido, pero las técnicas modernas de impresión sobre tela ofrecen alternativas muy variadas.

Bastan dos trípodes y una barra para desenrollar un rollo o tensar un lienzo a una altura comprendida entre 2 m y 2,5 m. Los estudios suelen tener techos de al menos 3 m de altura. En ese caso, se fija a la pared un sistema de desenrollado de fondos.

Los reflectores

Tanto en la iluminación artificial como en la natural, un reflector difumina las sombras o las ojeras. Bastará con simples telas blancas, paneles de poliestireno o cartón pluma. Los reflectores con la cara plateada son más reflectantes. Cuando se montan en un trípode, evitan tener que recurrir a ayudantes.

El trípode

Con luz natural, resulta útil tanto para ajustar el encuadre como para evitar que la imagen salga movida en las exposiciones prolongadas. Prueba a hacer un retrato con una exposición de medio segundo o un cuarto de segundo.

Bajo la luz de los flashes, permite sobre todo prestar atención al encuadre. Un soporte de fijación en forma de L en la rótula facilita el manejo de la cámara para los encuadres verticales.

El taburete

En las sesiones de retrato, es muy habitual que el modelo esté sentado. Algunos estudios cuentan con grandes cubos de madera, de diferentes tamaños, similares a los pedestales de las esculturas expuestas en galerías o museos.

Permiten sentarse a diferentes alturas. Un taburete de bar o de taller servirá igualmente.

Las cajas de luz

Hubo una época en la que los paraguas eran muy habituales en los estudios, hasta bien entrados los años 80.
De hecho, se pueden ver en la famosa película «Blow-Up», de Antonioni (1966). Las cajas de luz ofrecen una luz difusa y un mejor control del ángulo de iluminación que los paraguas.

Las hay cuadradas, rectangulares y octogonales. Para un primer equipo, una caja de entre 60 y 80 cm de lado (o de entre 80 y 90 cm de diagonal) es una buena base para el retrato.

Focalizar la luz

La dramaturgia de la iluminación se consigue con luces direccionales. En la iluminación continua, se suele emplear la lente de Fresnel para focalizar los rayos de luz con un ángulo variable, acercando o alejando la lente de la fuente de luz. Los cortaflujos, que se asemejan a unas contraventanas, también contribuyen al control del campo luminoso.

El exposímetro independiente

¿Sigue siendo útil este instrumento de medición en la era digital? Y es que hoy en día se puede comprobar al instante el resultado de una toma en la pantalla trasera de la cámara. El exposímetro independiente nos enseña a evaluar la intensidad de una fuente de luz, tanto con flash como con luz continua.

En luz incidente, permite controlar la uniformidad de la iluminación sobre un fondo de estudio o comparar las diferencias de iluminación entre la ubicación de un modelo y la del fondo.

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Texto e imágenes: Philippe Bachelier, profesor de Técnicas de impresión en Spéos